¿Es buena idea escuchar música para estudiar?

música para estudiar
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En la búsqueda constante de métodos y técnicas que nos permitan mejorar nuestra capacidad de concentración y atención, la música se presenta como una herramienta poderosa y accesible para muchos. 

Quizás te preguntes, ¿será que todos los tipos de música tienen el mismo efecto para mantener la atención sobre un objetivo? ¡Aquí te lo explicamos!

La ciencia detrás de la música para estudiar

Estudios recientes han demostrado que ciertos tipos de música pueden potenciar significativamente nuestra capacidad de atención y concentración. La clave parece residir no sólo en el tipo de música, sino también en cómo nuestro cerebro responde a diferentes ritmos, melodías y armonías. 

La música instrumental suave, por ejemplo, puede minimizar las distracciones y ser capaz de interferir menos en el razonamiento que consiste en centrar la atención.

La música con un ritmo constante y sin cambios bruscos puede ayudar a mantener un nivel de concentración óptimo, permitiéndonos centrar voluntariamente nuestra atención en la tarea que tenemos entre manos. Por otro lado, la música con letras o cambios abruptos de ritmo puede resultar contraproducente, interfiriendo en la consecución de nuestros objetivos de estudio.

Tipos de música recomendados para estudiar

  • Música clásica: Con su estructura y armonía, tiene la capacidad de instaurar un ambiente de calma y serenidad, ideal para cuando necesitas concentrarte. Piensa en las composiciones de Mozart o Beethoven; su música no solo es agradable al oído, sino que su ritmo constante y sus melodías previsibles pueden ayudarte a mantener un flujo de trabajo sin distracciones.
  • Sonidos de la naturaleza: A veces, lo que necesitamos para concentrarnos no es el silencio absoluto, sino el eco suave y reconfortante de la naturaleza. El sonido de una cascada, el murmullo de las hojas movidas por el viento o el canto armónico de los pájaros pueden actuar como un bálsamo para nuestra mente agitada. Estos sonidos naturales, especialmente para quienes tenemos la suerte de vivir en un país con tanta biodiversidad como Ecuador, nos reconectan con un estado de serenidad esencial para el estudio.
  • Música electrónica y Lo-fi: Con sus ritmos suaves, repetitivos y casi hipnóticos, estas melodías crean un fondo sonoro que no distrae, sino que, por el contrario, fomenta la concentración. La ausencia de letras es una ventaja adicional, ya que permite que nuestra mente se enfoque completamente en la tarea sin ser arrastrada por historias o mensajes en las canciones.
  • El jazz y el blues: Con su complejidad rítmica y sus melodías envolventes, estos géneros ofrecen una rica paleta sonora que, sorprendentemente, puede aumentar la productividad. La clave está en elegir piezas que sean instrumentales o que tengan un enfoque más suave en las vocales, para que la música actúe como un estímulo sin robarse el protagonismo.

¿Cómo implementar la música en tu rutina de estudio?

Personaliza tu lista de reproducción

Dedicar tiempo a curar colecciones de canciones para diferentes tareas o materias puede marcar la diferencia. Por ejemplo, puedes tener una lista con ritmos más dinámicos para las sesiones de brainstorming y otra con tonadas más tranquilas para la lectura y la memorización. 

Esta personalización no solo te ayudará a entrar en «modo estudio» más rápidamente, sino que también te permitirá mantener ese enfoque esencial.

Mantén un volumen moderado

El volumen al que escuchamos la música es fundamental. Demasiado alto y nos encontraremos más concentrados en la melodía que en nuestros libros; demasiado bajo y el más mínimo ruido exterior podría distraernos. Encuentra ese nivel de volumen que permita que la música se convierta en un suave murmullo de fondo, lo suficientemente audible para disfrutar, pero no tanto como para dominar tus pensamientos.

Haz pausas musicales

Al igual que en la música, el silencio es importante en nuestra rutina de estudio. Incluir breves pausas musicales puede ayudarnos a evitar la fatiga auditiva y darle un merecido descanso a nuestra mente. Utiliza estos intervalos para estirarte, hidratarte o simplemente cerrar los ojos y respirar profundamente. Verás cómo estos pequeños descansos pueden revitalizar tu energía y enfoque.

Experimenta y ajusta

Finalmente, lo más importante es experimentar y ajustar según sea necesario. Lo que funciona un día, puede no ser tan efectivo al siguiente. Escucha a tu cuerpo y a tu mente; ellos te dirán si es momento de cambiar de playlist o si una cierta melodía ya no está contribuyendo a tu concentración como antes. La flexibilidad es clave en el proceso de integrar la música a tu rutina de estudio.

Encuentra tu ritmo perfecto para estudiar

La música, con su infinita variedad y capacidad para tocar nuestras emociones, ofrece un camino fascinante hacia la mejora de la concentración y la eficiencia en el estudio. Sin embargo, es importante recordar que no existe una solución única para todos. 

Cada individuo reacciona de manera diferente a los estímulos musicales, por lo que es esencial encontrar aquel tipo de música que resuene contigo y se alinee con tus necesidades de estudio.

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